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ARTÍCULOS
Abril 2005
Actividades Cotidianas en la Institución
Ponencia presentada en el
Congreso Virtual
de Psiquiatria.com año 2005
PONENTE
Lic. Liliana Paganizzi
Master en Salud Pública.
Docente Carrera de Terapia Ocupacional.
Universidad Nacional de San Martín.
Institución: Centro de Día Dr.
Carlos H. Lanfranchi.
Curaduría General de Alienados.
Poder Judicial.
Buenos Aires. Argentina
E Mail: Paganizzi@uol.com.ar
Resumen
La instrumentación de actividades de la vida diaria bajo
un primer lema de "entrenamiento" se centró durante años en
aspectos ligados a utilidad cuya evaluación era exclusivamente a través
de la observación, con una metodología de tipo correctiva.
Pensamos hoy estas actividades como fenómenos comunicativos que dan
cuenta de la subjetividad del sujeto mismo que las realiza y se
constituyen además como vehículos de convivencia indispensables para la
articulación social.
Palabras clave: Actividad,
Terapia Ocupacional, Institución
Key words: Activity, Occupational Therapy, Mental Institutions
Para Foucault el "mirar" se constituyó
como la primera fuente del saber médico; mirar los signos era el eje de
la clínica; aquello que no se veía o no era campo iluminado por algún
ojo atento y especializado, casi no existía.
A principios del siglo XIX, sin embargo, aparecía cierta sospecha que
cuestionó aquel valor absoluto de lo visible y manifiesto. Se asomaba
entonces el saber médico a describir lo visible y también lo que aparece
en el límite entre lo visible y lo enunciable.
Se percibía que allí donde no llega el ojo atento, eje del mirar, se
escondían también poderes de verdad, a los que podría accederse por
medio del "decir". (1)
El nacimiento de la clínica se ubica precisamente como resultante de la
relación entre lo visible (el mirar) y el decir.
Esta ecuación entre mirar y decir no resulta fácil ni milagrosa
y, en cada situación clínica, aún tomamos posición a favor de los
siglos del mirar reduccionista o del apresurado decir sin observación, o
la escucha adjudicada de valor absoluto, del que la palabra en si misma
está bastante lejos.
Ya un espectáculo digno de observación nos llevara al
"¿porque?", así como una palabra al "¿qué me quiere
decir?"; estamos alertados para conceder también a la palabra el
valor de interrogante acerca de un significado virtual, inaccesible. Un
margen entre palabra y palabra que da lugar al comentario y también al
malentendido.
En el campo de la Psiquiatría, el mirar ha estado
adherido al vigilar: vigilar a los pacientes en su vida en la
institución, y con el advenimiento del Psicoanálisis ha prevalecido el
escuchar, quizás acotado a lo que se dice, o acotado a lo que se escucha
dentro de un consultorio.
La forma en que viven los pacientes dentro de la institución, antes
asilar ahora también familiar, es una cuestión clínica que merece ser
pensada, lo observable además de ser mirado, puede ser interrogado.
La ocupación, preocupación e intervención en el terreno de lo cotidiano
institucional ha sido tomado desde distintas perspectivas: Pinel, (2),
desde el punto de vista humanitario; Basaglia (3),
desde lo político sociológico, y Hochman (4), como
espacio propicio para Psicoterapia institucional, lugar donde se develan
los cambios, avances y retrocesos.
Desde Terapia Ocupacional la clasificación formal,
ordena las actividades de la vida cotidiana como uno de los tres grandes
grupos (de actividades) junto a las productivas y tiempo libre.
En principio nuestras las intervenciones en esta área se centraron en el
ámbito intra hospitalario y su objetivo fue el de "entrenar" a
los pacientes.
Su desarrollo fue evolucionado junto a la historia misma de las
instituciones psiquiátricas según sus diferentes momentos: asilares,
comunitarios, sociales, que por cierto, coexisten hasta la actualidad. El
primer sistema de entrenamiento de hábitos era usado para que enfermos
mentales deteriorados y regresivos lograran hábitos corporales y sociales
"decentes". ( 5)
Nuestra práctica bajo el lema del entrenamiento, se centró en aspectos
ligados a la utilidad y su evaluación a través de la observación
directa, sujeta a corrección.
Es recién a partir de los años 50 que los Fidler a partir de algunos
conceptos del Psicoanálisis de la época, introducen una dimensión de la
Terapia Ocupacional que trasciende la "utilidad" a través de la
evaluación de lo observable. En 1963 " Terapia Ocupacional : un
proceso de comunicación en Psiquiatría" nos presenta el proceso de
realización de actividades como un escenario posible de significaciones
virtuales otorgándole a los elementos no-verbales el rango de
comunicación.
Redundante, además de incompleto, resultaría extenderme en este punto ya
que la corriente Psicodinámica inaugurada por los Fidler ha sido y viene
siendo suficientemente desarrollada y sistematizada por distintas colegas.
(5,6,7,8).
Nos basta considerar que desde esta corriente tomamos las actividades de
la vida cotidiana como fenómenos culturales que mediante una innumerable
cantidad de signos, dan cuenta del propio cuidado y, a la vez, se
constituyen en vehículos de convivencia social. Su realización contiene
y trasciende la función "útil" dado que las funciones
simbólicas no son menos útiles que las propiamente dichas.
Las escenas de la vida cotidiana aparecen como situaciones comunicativas
donde coexisten elementos verbales y no verbales, signos para develar o
articular con otros signos. Conceptos para su interpretación son
aportados por la Semiótica (9); como ciencia que
estudia los diferentes signos, vinculando a la comunicación y a la
significación y como forma de incluir estas dos, a la acción humana (10).
Las actividades de la vida cotidiana como proyectos
singulares están atravesadas por distintas dimensiones que propondrán
lecturas diversas. (*)
(*) Estas tres dimensiones
encuentran su fundamento en las propuestas ya planteadas por los Fidler en
cuanto a que las actividades utilizadas en TO, deben ser reevaluadas en
términos "...de su significación en la Comunidad Terapéutica, de
su propósito para el paciente y en términos de su significado socio -
cultural..." (Fidler, 1966).
En la dimensión personal - individual, y no solamente aquí, se
despliegan aspectos de la subjetividad, resonancia singular de los hechos
históricos, biográficos y biológicos de un sujeto dado.
La dimensión grupal implica la interpretación que los "otros"
del grupo convivencial (cotidiano- Conviviente) le otorguen a aquellas
realizaciones que hacen a la coexistencia cotidiana, interpretaciones que
estarán atravesadas, en el mejor de los casos por reglas sociales,
convenciones, leyes que rigen en una cultura dada que hemos dado en
llamar, orden simbólico. (Bélanger. B., 1997)(10).
Tomaré brevemente algunos de estos puntos, de estas
particulares situaciones clínicas en un marco institucional que funciona
a manera de Hostal, como instancia institucional de convivencia asistida a
puertas abiertas, donde se alienta y trabaja en la realización de las
actividades mencionadas:
Paciente femenina de 23 años.
Diagnóstico presuntivo: Psicosis. Esquizofenia.
Instrucción secundaria incompleta. Sin antecedentes laborales. Familia
presente y continente. Madre fallecida durante la adolescencia de la
paciente.
Motivo de consulta: Fugas del hogar frecuentes y prolongadas -la última
se extendió durante ocho meses -, peso por debajo de lo común.
Alimentación: en los horarios cercanos a la cena, la ansiedad la
invade, y procura rápidamente prepararse algún alimento de manera
desorganizada, por lo cual usa simultáneamente varios recipientes que
deja en diferentes lugares de la cocina.
D. Pareciera huir de este espacio grupal (comunitario); quizás debe
alimentarse como quien hurta alimentos y cuenta con poco tiempo, quizás
supone que hay lugar ni alimentos para ella, en un espacio con otros;
son significados posibles de estos signos observables. La escena da
lugar a interrogantes, a algún comentario todavía no enunciable a la
paciente; apenas intervenimos, en principio, para acotar el despliegue y
con la sugerencia reiterada de que es posible otra forma.
Higiene: D. no se baña habitualmente. Mira su cara y le preocupa su
cutis con acné y escamas. La alentamos para que consulte a un
dermatólogo y continúe un tratamiento varias veces interrumpido. En
espacios dentro de la vida comunitaria, acercamos horarios y días
posibles de baño y la sugerencia de algunos artículos de tocador que
aún se resiste a comprar, usando los de sus compañeros.
Cuando se baña, D. intuye la presencia de su madre (fallecida),
dimensión que podrá trabajar en su tratamiento personal; en lo que
hace a lo social, su higiene se hace indispensable para no quedar al
margen, atrapada en esa relación (con su madre) que anhela y teme.
Vestido. D. tiene predilección para sí misma por ropas usadas, algunas
regaladas por la esposa de su padre.
Se interesa, sin embargo, por revistas de modas, y cuando sale mira
interminablemente vidrieras y precios que regatea hasta el cansancio
explícito de los vendedores. Compra siempre las medias más
económicas, uno o dos pares por semana.
Trabajamos lo costoso de lo barato, su derecho a solicitar dinero para
algún vestido y quizás el temor atrayente, de ser atractiva ante la
mirada de los otros.
Manejo del dinero. D. intenta pedir dinero a los terapeutas, y obtener
objetos (flores, caramelos) sólo con insistencia tenaz a los
comerciantes de la zona.
Se le señala la posición particularmente precaria en que se coloca en
el medio social, que podría ser atenuada si fuera una niña, pero que
ya no es.
Se conviene una cuota semanal con su padre, que le será administrada
desde la institución; haremos cuentas conjuntamente de gastos posibles
durante el fin de semana para intentar que se desplace de la mendicidad
encubierta o cierta marginalidad.
Traslado independiente: D. se maneja en la calle de forma especialmente
provocativa, a veces algo violenta, con miradas insistentes ante
cualquier muchacho o grupo que encontrara. Su imposibilidad de verse la
hace sorprenderse de las respuestas que obtenía. Sólo señalamos esta
actitud y algunos riesgos que conllevan.
Seguimiento: D. mantuvo sus sesiones individuales en el consultorio de
su terapeuta al que concurría con acompañantes, al igual que las
posibles salidas de fin de semana. Durante el resto del día podía
salir de la institución durante un tiempo y radio geográfico acotados.
Al atardecer solía tener el impulso de salir, a manera de huida, con la
excusa de alguna compra imprescindible; se trabajó en cada oportunidad
el carácter impulsivo de la salida organizando para ella alguna
propuesta especial dentro de la institución.
La paciente se alojó en el Hostal durante aproximadamente un año y
medio. Realizó un tratamiento individual, familiar y
psicofarmacológico (suspendido luego) y Clínica de día. Terminó sus
estudios secundarios e inició un curso terciario acorde con los
intereses que planteó el primer día que llegó a la institución.
Actualmente vive con su familia, continuando su terapia individual.
En síntesis
La oportunidad y forma de comer, vestirse, higienizarse, manejar dinero y
trasladarse soportan funciones subjetivas y sociales cargadas de
connotaciones simbólicas que se tornan indispensables para la
coexistencia comunitaria y la participación social.
Bibliografía
1.Foucault, M. O Nacimento da Clínica. Forense Universitaria. Río de
Janeiro. 1era. Ed. 1977.
2.Hopkins, Helen. Una perspectiva histórica en Terapia Ocupacional. En
Willard y Spackman. Occupational Therapy. 6ed. Philadelphia: J.B Lippincot
Co. 1984.
3.Basaglia, F. ¿Qué es la Psiquiatría? Ed. Guadarrama. Barcelona .
1977.
4.Hochman, J. Hacia una psiquiatría comunitaria. Amorrortu editores.
Buenos Aires.1971
5.Vena Nuñez y otros. Actividades de la vida diaria. En Rehabilitación
Psicosocial de personas con trastorno mental severo. Compilador Alberto
Rodriguez. Ed. Pirámides. Madrid. 1997
6.Benetton, J. Trilhas associativas. Lemos Editorial. Saô Pablo. 1991
7.Benetton, J. A Terapia Ocupacional como instrumento nas açoes de Saúde
Mental- Tese de Doutorado. Facultade de Ciências Médicas da
Universidades Estadual de Campinas. Campinas. 1994 ( S/E)
8.Revistas do CETO. Centro de Estudios de Terapia Ocupacional. Año 3. Nro.3.
Vol.3-1998;
Año 4. Nro.4-1999; Año 6. Nro.6-2001. Saô Pablo. Brasil.
9.Eco, U. La Estructura Ausente. Introducción a la semiótica. Ed Lumen.
España. 1986.
10.Serrano, S. La semiótica. Ed. Barcelona 1981.
11.Bélanger. B. Trabajo de restauración del orden simbólico. En Tratar
la Psicosis. Apollon y otros. Polemos Ed. Buenos Aires. 1997.
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