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ARTÍCULOS
Abril
2009
PERSPECTIVA DE LOS
SERVICIOS DE ATENCIÓN TEMPRANA EN ESPAÑA
En el año 2000
fue publicado el libro Blanco de la Atención Temprana, confeccionado por
un amplio grupo de profesionales de dicha disciplina y con la garantía del
Real Patronato Sobre Discapacidad en su colección Documentos
(55/2000).
"Se entiende
por Atención Temprana el conjunto de intervenciones, dirigidas a la
población infantil de 0-6 años, a la familia y al entorno, que tienen por
objetivo dar respuesta lo más pronto posible a las necesidades
transitorias o permanentes que presentan los niños con trastornos en su
desarrollo o que tienen el riesgo de padecerlos. Estas intervenciones, que
deben considerar la globalidad del niño, han de ser planificadas por un
equipo de profesionales de orientación interdisciplinar o transdisciplinar".
Esta es la
definición que otorga el Libro Blanco de la Atención Temprana a una
disciplina profesional que intenta dar respuesta, mediante una
intervención inmediata, al diagnóstico precoz de anomalías en la primera
infancia.
Las cuestiones
que debemos plantearnos son: ¿cual es la situación actual de los servicios
de Atención Temprana en España? y ¿qué podemos hacer para mejorar la
calidad de dichos servicios?
Desde los años
setenta se han ido creando en España diferentes alternativas que intentan
dar respuesta a esta necesidad social, empezando a proliferar los llamados
centros o servicios de estimulación precoz. Estos programas se dirigieron
a niños de alto riesgo ambiental, niños que se encontraban bajo una
influencia desfavorable dentro de su entorno, así como a niños con otros
factores de riesgo biológico probable(prematuros) o con un déficit
establecido ( Síndrome de Down, Parálisis Cerebral..)
En la
actualidad, dentro del contexto de las definiciones de “Déficit”,
“Discapacidad” y “Minusvalía” los niños con alto riesgo en los que puede
llegar a instaurarse una discapacidad, en general, son incluidos en los
programas de prevención primaria dentro de una política general de
protección de la infancia, abandonando el modelo en el que, la Atención
Temprana se limitaba a una prevención secundaria o terciaria. Esto ha
supuesto un gran paso adelante en la calidad de los servicios de Atención
Temprana, el establecer estos tres niveles de intervención en dicha
disciplina; prevención primaria, secundaria y terciaria.
Para analizar
correctamente la situación actual en España, debemos analizar el
organigrama actual de la Administración Pública en los ámbitos competentes
en materia de Atención Temprana. El conflicto primordial se plantea cuando
un niño con alto riesgo de discapacidad puede ser objeto de intervención
desde la Sanidad, Los Servicios Sociales o la Educación.
No cabe poner en
duda la necesidad de ninguno de los tres implicados, pero si puede ser
interesante cuestionar la función que desempeña cada uno de ellos dentro
del proceso de intervención en un niño con riesgo de desarrollar una
discapacidad. Sobre esta cuestión no hay una actitud clara, pero si una
evidencia: en este momento es considerablemente mayor la función de los
Servicios Sociales respecto a los servicios sanitarios y de educación. El
niño debe ser la prioridad, y si su limitación o déficit implica a uno, a
dos o a tres de los servicios mencionados antes, su intervención no
debería darse desde departamentos herméticos, sino que debería fluir la
información entre los diferentes agentes implicados en dicha intervención.
El niño dispone de una entidad biológica, psicológica
y social y, si alguno de estos aspectos se ve afectado, las instituciones,
y en ultima instancia, el gobierno, deberían ser capaces de ofrecer una
solución integrada que garantice al niño una salud biológica, una salud
mental y por supuesto, una salud social, que facilite al niño el
desarrollo de sus capacidades intelectuales, emocionales y adaptativas.
En
resumen, y tal y como define el Libro Blanco de la Atención Temprana, la
organización de dicha disciplina debe facilitar la adopción de medidas
encaminadas a la prevención, la detección precoz de los riesgos de
deficiencias y la intervención como proceso tendente a conseguir el máximo
desarrollo físico, mental y social.
Para alcanzar
estos objetivos, es necesario que desde las instituciones se ofrezcan unos
niveles satisfactorios de eficiencia y de calidad en la atención.
Es evidente que para conseguir
una optima gestión y organización del sector se necesita un compromiso
político que pueda dar pie a una regulación legal que sirva de modelo
común para todas las comunidades autónomas. Es necesaria la creación de
una entidad político-administrativa que promueva el desarrollo
legislativo, así como atender los gastos que originan los diferentes de
los servicios de Atención Temprana.
En este sentido,
debemos resaltar la necesidad de financiación de dicho sector, el cual no
posee aún una tradición presupuestaria, a diferencia de otros países
europeos, que han establecido la Atención Temprana como una de las
actuaciones más rentables largo plazo, gracias a su carácter preventivo, y
repercusión directa en la calidad de vida de los pacientes. Se trata de
construir los cimientos de un modelo común, que se pueda desarrollar y
adaptar a las necesidades y particularidades de cada comunidad autónoma.
En materia de coordinación y
gestión en los servicios de Atención Temprana, debemos establecer las
conexiones que sirvan como vínculo entre las diferentes entidades,
mejorando así el flujo de información. Así pues se debe promover una
coordinación interinstitucional e intrainstitucional, que comprenda los
ministerios, las consejerías de las comunidades autónomas, las
administraciones locales y las organizaciones de usuarios.
Igual de necesaria es una
coordinación interprofesional, la cual debe implicar a todos los
profesionales, ya sean sanitarios, educadores o del ámbito social.
Simultáneamente
debemos establecer dos niveles de actuación: un nivel estatal, donde el
gobierno central debe suscitar la coordinación entre los ministerios de
Sanidad, Trabajo y Asuntos Sociales y Educación; y un nivel autonómico, en
el que las comunidades autónomas asuman la creación y organización de los
recursos necesarios para una óptima gestión de los servicios de Atención
Temprana, garantizando así la calidad en la atención a los usuarios.
Es imprescindible la coordinación
de los ámbitos de investigación y de los sectores que intervienen en la
población infantil susceptible de desarrollar una discapacidad.
Actualmente, la
estructura estatal ofrece múltiples y diversas situaciones según la
capacidad normativa y presupuestaria de cada comunidad autónoma; por este
motivo, es necesario, respetando la pluralidad social de cada autonomía,
ofrecer unos servicios de Atención Temprana de calidad. Es importante
insistir pues en la necesidad de crear una entidad o comisión estatal que
contribuya a la regulación del sector, estableciendo así unos criterios
comunes y promoviendo el desarrollo legislativo.
Los problemas
derivados de los trastornos en el desarrollo de la población infantil no
son solo competencia de los centros de desarrollo infantil y de Atención
Temprana, debemos implicar también a los recursos comunitarios y al
conjunto de la sociedad, pues se trata de una problemática que afecta a un
colectivo desfavorecido y, por desgracia, en aumento. Debemos tener en
cuenta que la evolución de los niños que acuden a los servicios de
Atención Temprana depende de la calidad y la optimización de los mismos,
que por encima de todo, están el principio de igualdad de oportunidades,
la mejora de la calidad de vida del niño y de su familia, y la preparación
de estos pequeños para su futuro como miembros de la sociedad.
Elena Pérez Cañellas
Terapeuta Ocupacional
Experta en Atención Temprana
Bibliografía
Guralnick, M.J.; Bennelt, F.C.
(1.989).”Eficacia de una intervención temprana en los casos de Alto
Riesgo”. Madrid: Ministerio de Asuntos Sociales. Colección Rehabilitación.
Grupo de atención temprana (GAT)
(2000): “Libro Blanco de la Atención Temprana”. Madrid: Real Patronato
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García Sánchez, F. (2005) “Líneas de investigación en
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Bruder, M.; Dunst, CJ. (2008) “Factors Related to the
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