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LESIÓN CALLOSA Y DISPRAXIA DIAGONÍSTICA: IMPORTANCIA EN TERAPIA OCUPACIONAL Marta García Peña
"Yo tenía un amigo con problemas de comunicación entre el lado derecho y el izquierdo de su cerebro, y cada mano iba por su sitio. A lo mejor una quería pelar una naranja, pero la otra se empeñaba en pelar una patata. Mi amigo tiene, pues, un problema del cuerpo calloso. Parece mentira que le hayan dado un nombre tan antipático, cuerpo calloso, con lo importante que es la función que realiza" (JJ Millás. Cuerpo y prótesis). Los dos hemisferios cerebrales cerebrales están unidos por un conjunto de pequeñas fibras de sustancia blanca o comisuras. Pueden distinguirse diversas comisuras destacando tres de mayor tamaño: la comisura blanca anterior, la comisura del fórnix (trígono) y, la más importante, el cuerpo calloso que une un neocórtex al otro. Se trata de una banda ancha de fibras que ocupa casi el 50% de la longitud de los hemisferios cerebrales. Las fibras del cuerpo calloso conectan entre sí la mayor parte de las áreas corticales respectivas de los dos hemisferios, con excepción de las porciones anteriores de los lóbulos temporales que están interconectadas por fibras que atraviesan la comisura anterior. Así, una de las funciones del cuerpo calloso y de la comisura anterior es hacer que la información almacenada en la corteza de un hemisferio esté disponible para las áreas corticales del hemisferio opuesto. La semiología callosa no pudo esbozarse hasta mediados de siglo, a partir de las observaciones realizadas en enfermos comisurotomizados y en pacientes con un tumor que invadía el cuerpo calloso. Posteriormente, el síndrome de desconexión interhemisférica fue confirmado y ampliado por numerosas observaciones, incluyendo la patología vascular (la vascularización callosa está asegurada por las arterias cerebrales anteriores y posteriores) y la enfermedad de Marchiafava- Bignami (Gil, 1999). Liepmann, a principios de siglo, observó la importancia de las
conexiones intra e interhemisféricas en el mecanismo de los trastornos
práxicos y relacionó una desconexión callosa
con una apraxia ideomotora unilateral izquierda.
A partir de la descripción de Bogen y bajo el concepto
de mano ajena, se han incluido de manera indiscriminada diversos
tipos de respuestas motoras anómalas de una mano, cuyas lesiones
y mecanismos neuronales son probablemente distintos unos de otros (Tanaka
y cols, 1996).
Chan y Ross (1997) han puesto en entredicho el término conflicto
intermanual como signo válido y significativo del síndrome
de desconexión callosa sugiriendo su posible equivalencia con el
concepto de dispraxia diagonística, cuyas características
serán decritas posteriormente.
CARACTERÍSTICAS DE LA DISPRAXIA DIAGONÍSTICA El término dispraxia diagonística fue descrito
por Akelaitis en 1.945 (Akelaitis, 1945) para describir una respuesta motora
inusual e involuntaria de dos pacientes que se habían sometido a
una callosotomía en el tratamiento de epilepsia muy grave. Según
este autor, existía un aparente conflicto entre la acción
propuesta y la acción que realmente se llevaba a cabo; es decir,
entre el deseo de realizar el gesto y la ejecución real del mismo.
En el estudio realizado por Tanaka se detallan (Tanaka y cols, 1996)
tres casos de dispraxia diagonística posteriores a un infarto
en el cuerpo calloso donde se describen las características clínicas
de esta alteración así como sus posibles bases neuroanatómicas.
El término diagonística (en inglés, "diagonistic") o doble agonista es correcto tanto descriptiva como etimológicamente; si bien el sufijo "ica" (en inglés, "ic") es poco manejable y puede confundirse con el término diagnóstico (en inglés, "diagnostic") (Fisher, 2000). Asimismo, en esta investigación, se compararon las imágenes
de las resonancias magnéticas de esos tres pacientes con otros cinco
que no presentaron dispraxia diagonística a consecuencia
de un infarto del cuerpo calloso, revelando que la lesión en la
zona ventral de la parte final posterior del tronco del cuerpo calloso
era decisiva para la aparición de dicha alteración.
En cuanto al posible mecanismo subyacente a la aparición de dispraxia diagonística se han barajado diversas hipótesis. Feinberg y cols (1992) han sugerido como explicación, una posible alteración en el control inhibitorio transcalloso (interhemisférico) del lóbulo parietal superior izquierdo hacia el derecho. Por otra parte, Tanaka y cols (1.996) ha considerado que las respuestas
motoras anómalas de la mano izquierda pueden ser debidas a un fallo
en la asociación funcional entre el control voluntario y visomotor
y/o la función de integración sensoriomotora en el
lóbulo parietal superior derecho como consecuencia de la alteración
en la transmisión de información relacionada con el control
motor desde el lóbulo parietal superior izquierdo hasta el derecho
a través del cuerpo calloso.
INTERFERENCIA EN LA REALIZACIÓN DE LAS AVD Watson y Heilman (1983) describen el caso de una paciente, que había tenido un infarto en la arteria cerebral anterior, en el que sus manos literalmente "luchaban la una contra la otra". Así, por ejemplo, al coger un sobre, cada mano de forma independiente y simultánea intentaba coger y soltar el sobre; así que algunas veces se pasaba unos diez minutos aproximadamente tirando del sobre con las dos manos a la vez (cada mano en sentido opuesto). En este caso no se observó reflejo de prensión. Levin y cols (1987) explican el caso de otro paciente, que había sufrido un aneurisma en la arteria cerebral anterior, el cual resumía con la frase: "la mano izquierda no hace lo que yo quiero que haga" para indicar los numerosos movimientos competitivos que la mano izquierda realizaba para deshacer la acción de la mano derecha. Así, mientras la mano derecha sostenía el periódico para abrirlo, la mano izquierda cerraba la página. Papagno y Marsile (1995) describen otro caso de etiología vascular (aneurisma en la arteria cerebral anterior) en el que la mano izquierda actuaba de forma "inoportuna" (brusca y sin motivo) "intentando siempre anticiparse a mi acción". Así, cuando la mano derecha pagaba un producto dejando el dinero encima del mostrador, la mano izquierda volvía a recoger casi al momento el dinero que la mano derecha había entregado; o mientras la mano derecha estaba abriendo la puerta de un armario, la izquierda, sin terminar el gesto, hizo el movimiento de cerrar. Tanaka y cols (1996) detallan tres casos donde la presencia dispraxia de diagonística altera el curso normal en la ejecución de las distintas AVD. El primer paciente, con una historia previa de hipertensión, manifestó un cuadro de hemiparesia leve derecha y alteraciones en el habla. Unos días después, acudió a consulta debido a unos movimientos peculiares de su mano izquierda. Por ejemplo, cuando intentaba cambiar el canal de televisión con su mano derecha, su mano izquierda accedió bruscamente hasta el canal de TV para cambiarlo, interrumpiendo el gesto que estaba realizando en ese momento la mano derecha. Posteriormente, a través del diagnóstico por TAC y RM , se comprobó que había tenido un infarto en la mitad posterior del tronco del cuerpo calloso que afectaba también a la parte más anterior del splenium (o cabeza del cuerpo calloso). El mismo paciente comentó en varias ocasiones: "Cuando estoy intentando hacer algo con la mano derecha, mi mano izquierda se mueve espontáneamente contra ella". En el segundo caso, el paciente había sufrido una hemorragia subaracnoidea a partir de un aneurisma en la arteria cerebral anterior derecha, ocasionando lesiones en el cuerpo calloso así como en la zona del giro cingulado y del giro frontomedial superior. Se observaron diversos tipos de respuestas motoras anómalas en la mano izquierda del paciente. Así, por ejemplo, cuando estaba subiéndose los pantalones con la mano derecha, la mano izquierda empezó repentina y simultáneamente a desabotonar su camisa. Sin embargo, una misma actividad o acción podía hacerla adecuadamente algunas veces y otras no, o viceversa (con o sin objeto). De este modo, aunque los movimientos dispráxicos seguían apareciendo; en ocasiones, había una buena cooperación entre ambas manos; por ejemplo, en tareas bimanuales, como doblar un papel e introducirlo en un sobre. En contraposición con el caso que presento posteriormente, esta misma actividad (papel y sobre) sí ocasionaba respuestas anómalas y falta de cooperación entre las dos manos por parte del paciente (ver 'A propósito de un caso'). El tercer paciente presentaba una lesión en el cuerpo calloso
desde el genu (rodilla) hasta la parte más caudal del tronco del
cuerpo calloso con afectación de la parte posterior final del mismo.
Algunos autores opinan que los déficit práxicos
tienen escasa influencia en la vida diaria de los pacientes y consideran
este trastorno de más valor desde el punto de vista teórico
que por su interés práctico. Sin embargo, las investigaciones
más recientes destacan la relevancia de las alteraciones práxicas
con respecto al impacto en el funcionamiento diario ya que éstas
dificultan la correcta realización de movimientos y gestos funcionales
así como la utilización adecuada y segura de objetos de uso
cotidiano necesarios para llevar a cabo las AVD (Foundas y cols, 1995).
A continuación se describe el caso de un paciente cuya sintomatología clínica en la fase inicial así como en las sucesivas evaluaciones y posterior intervención, recuerda a las características de la dispraxia diagonística que se han descrito anteriormente. Varón de 57 años que el 26/12/01 sufre un infarto
occipital subagudo y el 13/1/02 otro infarto en el núcleo caudado
derecho y en el cuerpo calloso (ver figura 1.):
Fig. 1. Resonancia Magnética (sección coronal)de un infarto isquémico con afectación del ventrículo lateral y núcleo caudado derecho así como del cuerpo calloso.
El programa de tratamiento incluye: neuropsicología, logopedia y terapia ocupacional. En cuanto a la evolución en terapia ocupacional, los objetivos en la fase inicial se dirigen a lograr la mayor independencia en las AVD básicas tales como: alimentación, vestido y baño. En todas estas actividades, se producía un denominador común: presencia de movimientos involuntarios de la mano izquierda ( de oposición, de anticipación, etc) que interferían de manera innecesaria la adecuada realización de las AVD anteriormente mencionadas. En el manejo de cubiertos (al cortar con cuchillo y tenedor) se observó una marcada falta de cooperación entre ambas manos en cuanto al tipo de movimiento, velocidad y ritmo empleados durante la tarea. Durante el vestido aparecieron errores en la secuenciación de los pasos a seguir, así como movimientos antagonistas al ponerse algunas prendas. Por ejemplo, al ir a coger un calcetín para ponérselo, primero lo cogió la derecha, inmediatamente tiró de él la mano izquierda en sentido contrario al de la derecha sin soltarlo ninguna de las dos. Finalmente, y después de indicar el propio paciente varias veces verbalmente "suelta mano izquierda, suelta" , la mano se abrió y, a continuación, utilizando ambas manos pudo ponerse el calcetín sin problemas. En el baño se produjeron movimientos similares a los ya descritos pero utilizando otros objetos. A modo de ejemplo, al utilizar el gel y la esponja, como paso previo para enjabonarse, dudaba con qué mano coger cada cosa o, a veces, cuando iba a echar el gel sobre la esponja (sujeta con la mano izquierda) quitaba la mano en el último momento y el gel caía en la bañera. En otra ocasión, había echado champú en la mano izquierda para lavarse el pelo, en lugar de dirigir ésta hacia la cabeza, giró la muñeca colocando la palma hacia abajo mientras abría y cerraba la mano sin realizar el gesto correcto. También aparecieron dificultades similares para la coordinación entre ambas manos en el manejo adecuado de los grifos; así como en el empleo de otros objetos de aseo personal como el tubo de pasta de dientes y el cepillo. En esta fase inicial estas alteraciones práxicas (en ausencia de reflejo de prensión) se repetían frecuentemente e interferían la ejecución normal y continuada de la actividad (al principio, bloqueaban totalmente cualquier movimiento del paciente que no sabía como reaccionar para resolver la situación) por lo que era necesario interrumpir y reanudar varias veces la misma acción (u otras) hasta completar adecuadamente la actividad. Asimismo, este conjunto de respuestas anómalas también se observó en otras actividades como: doblar e introducir una papel en un sobre, colocar por orden numérico (u otro criterio) varias hojas o tarjetas; consultar una fecha en su agenda; escribir a máquina en el teclado del ordenador ( previamente, debido a su actividad laboral, escribía a máquina diariamente). No obstante, al igual que otros casos señalados con anterioridad, sí era capaz de realizar adecuadamente otras actividades uni o bimanuales; por ejemplo: encender una cerilla o un mechero (con la izquierda o con la derecha indistintamente), grapar y desgrapar varias hojas, etc. Es conveniente puntualizar que, junto a la presencia de una clínica que coincide con las características de la dispraxia diagonística, este paciente presenta además agrafia apráxica izquierda ( se caracteriza por letra deformadas, a veces ilegibles o incluso reducidas a garabatos) así como astererognosia en la mano izquierda y no anomia táctil izquierda ( la presencia de anomia táctil izquierda permite buscar y encontrar sin necesidad de vista un objeto denominado por el evaluador) ya que era incapaz de denominar el objeto que estaba tocando al igual que de seleccionar e identificar correctamente entre varios objetos aquél que se le pedía; si bien, podía indicar algunas características físicas de los objetos que trataba de reconocer. Sin embargo, no se observó apraxia constructiva derecha (aunque no se descarta que en fases muy iniciales hubiera aparecido dicha alteración) y no se ha evidenciado hasta la fecha la presencia de extinción auditiva unilateral izquierda que constituyen alteraciones propias de una desconexión callosa (junto a apraxia ideomotora izquierda, déficit en el campo visual izquierdo y anomia táctil izquierda). Posteriormente , dichos movimientos disrruptivos se fueron produciendo con una menor frecuencia y el paciente aprendió a contrarrestarlos cuando aparecían sin perder la continuidad de la actividad que estaba realizando y logrando ser independiente en las mismas. Una de las estrategias que se aplicaron fue la utilización de instrucciones verbales con el objetivo de reorganizar la realización de la actividad especialmente la actividad bimanual. Así, por ejemplo, en la actividad de escribir a máquina (en el teclado de un ordenador) la evolución ha sido progresiva pero significativa. En los primeros textos (sin el empleo de ninguna estrategia), la utilización del teclado con ambas manos era realmente caótica por lo que mediante instrucciones verbales se enseña al paciente que indique en voz alta con qué mano tiene que pulsar una determinada tecla según la disposición de éstas ( mitad izquierda o derecha) en el teclado ( por ejemplo: "La": "L " con mano derecha, "a" con mano izquierda y así sucesivamente). En un período de tres meses los avances han sido notables, considerando, además, la buena disposición del paciente para continuar las pautas recomendadas en su domicilio. Análogamente, Tanemura (1999) documenta el caso de un paciente con dispraxia diagonística que había sufrido un infarto en la arteria cerebral media izquierda. Mediante RM se detectarion lesiones en áreas frontooccipitales, lóbulo parietal y cuerpo calloso (sin afectar la zona del splenium). En la valoración inicial se observaron, junto a las manifestaciones clínicas de este tipo de dispraxia, otros signos de desconexión callosa como: apraxia ideomotora y agrafia de la mano izquierda, anomia táctil izquierda y apraxia construccional de la mano derecha. Había dificultades evidentes en las AVD como la alimentación, por ejemplo, al coger los palillos para comer con la mano derecha, su mano izquierda se los quitaba bruscamene a la mano derecha y los colocaba encima de la mesa. Ante situaciones como ésta y otras similares, el paciente no sabía como reaccionar, no podía detener esos movimientos involuntarios y a menudo tenía que parar totalmente la actividad que estaba realizando. El paciente comenzó un programa de tratamiento en T.O, donde se empleó como técnica de intervención las instrucciones verbales (basándose en un estudio realizado por Luria en 1.963) con el objetivo de regular los movimientos de la mano izquierda, como paso previo para lograr una mayor independencia en las AVD. Así, de este modo, en el reentrenamiento del vestido de miembros inferiores, el paciente practicó con varios ensayos la acción de subirse los pantalones mientras repetía las instrucciones verbales indicadas (es decir, autoinstrucciones) como: "Para el movimiento de la mano izquierda" o "Sube los pantalones con la mano derecha" para evitar que la mano izquierda hiciera el gesto contrario de bajarlos. Inicialmente , los respuestas anómalas de la mano izquierda no
remitían pero gradualmente fue disminuyendo la intensidad y la frecuencia
de dichos movimientos hasta que consiguió realizar la actividad
por sí mismo. De este modo, siguiendo pautas similares para realizar
otras AVD consiguió ser independiente en su vida diaria después
de ocho meses de tratamiento.
¿Dispraxia o Apraxia? ¿ Es correcta la utilización de ambos términos? ¿Pueden emplearse indistintamente? Mientras la palabra dispraxia, en unos casos, se utiliza con mayor frecuencia en pediatría o en relación con los déficits práxicos asociados a los trastornos del desarrollo en niños; lo cierto, es que desde el punto de vista semántico sería más correcto emplear dicho término puesto que hace referencia a una disfunción o interrupción del momiento y no exclusivamente a una pérdida del mismo que sería el significado literal de apraxia (García Peña, Muñoz Céspedes, 2000). El término apraxia (si bien, hay descritos varios tipos específicos de apraxias) aparece recogido en la literatura con más frecuencia que el de dispraxia; si bien, en este artículo se ha empleado el concepto dispraxia diagonística respetando el término original elegido por el autor. Por otra parte, la existencia de múltiples alteraciones neuropsicológicas donde se utiliza el prefijo a- como: agnosia, amnesia, afasia, agrafia, etc requiere e implica un intento de consensuar una misma nomenclatura (aunque la semántica inicial no se ajuste de manera exacta). Al igual que sucede con los términos: conflicto intermanual, mano ajena o dispraxia diagonística, el concepto de desconexión callosa puede encontrarse en la literatura definido y clasificado de diferentes formas. Mientras para unos autores conflicto intermanual y dispraxia diagonística son sinónimos, otros consideran que el conflicto intermanual es parte de la dispraxia diagonística y debería emplearse este último como otra manifestación del síndrome de mano ajena. De manera similar, algunas clasificaciones establecen detalladamente el síndrome de desconexión callosa especificando el conjunto de signos característicos (algunos se han citado anteriormente) y no es mencionada la dispraxia diagonística como otra manifestación más; sin embargo, otros autores sí la incluyen como parte del síndrome de desconexión interhemisférica. Por otra parte, investigaciones recientes (Nishiwaka y cols, 2001) proponen que el conflicto intermanual es una parte de la dispraxia diagonística, la cual aparece en ocasiones en pacientes que han sufrido una lesión callosa donde hay un aparente conflicto entre la acción que desea realizarse y la que realmente se lleva a cabo. Todos los casos que proponen en su estudio, excepto uno tuvieron una lesión en la mitad posterior del tronco del cuerpo calloso. Añaden además otro síntoma denominado "conflicto
de intenciones" que se caracteriza por una marcada vacilación
para iniciar, interrumpir y repetir acciones, así como la realización
de actividades sin propósito con dificultad para corregirlas. Estas
manifestaciones aparecen durante acciones espontáneas, pero no en
acciones bien automatizadas ni al seguir instrucciones.
Por último, señalar que el énfasis en el
tema que trata este artículo ( a pesar de la disparidad existente
en relación con la terminología a utilizar) se centra principalmente
en la descripción clínica de las alteraciones práxicas
específicas que se han descrito anteriormente a consecuencia de
una lesión en el cuerpo calloso (asociada o no a otras áreas
cerebrales), su efecto en el funcionamiento diario de la persona afectada
a través de las AVD básicas e instrumentales y el papel de
la terapia ocupacional en la evaluación y rehabilitación
de las mismas como parte del objetivo común de lograr una mayor
calidad de vida.
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